Para que una planta sea considerada carnívora debe cumplir tres requisitos: atraer, atrapar y digerir a la presa.
Existen algunas plantas que hacen algunas de estas cosas, pero no las tres, y por lo tanto no son carnívoras, como por ejemplo aquellas plantas que tiene flores muy vistosas o con olores muy agradables para atraer insectos o pájaros, u otras que capturan a sus presas pero no pueden digerirlas.
¿Llamarlas "carnívoras" es lo mismo que "insectívoras"?
Como por lo general estas plantas comen insectos, durante mucho tiempo se las llamó "insectívoras". Hoy ya se sabe que además de insectos comen otro tipo de animales, por lo tanto es más adecuado llamarlas "carnívoras" (¡no te preocupes, las plantas carnívoras comiendo seres humanos sólo son cosas de las películas de terror!).
Pero ¿cómo cazan a sus presas, si no se pueden mover?
Adivinaste. Mediante trampas. Las plantas carnívoras tienen trampas, que son modificaciones de sus hojas, especializadas como herramientas apropiadas para cazar. Cuando una presa se apoya sobre ellas, ¡zácate! ¿Y cómo funcionan esas hojas- trampas? Existen principalmente cuatro métodos de captura que son utilizados por las plantas carnívoras:
Fosa: Generalmente las plantas de Jarra, capturan la presa teniendo hojas que se modifican a la forma de contenedores parcialmente llenos de agua y de fluidos digestivos, los cuales siempre poseen células nectáreas que incitan a los insectos a acercarse, la superficie de estas estructuras es lisa y resbalosa, lo que provoca que caigan en ella los animales, donde se pueden artrastrar pero no pueden escapar, y por ultimo la planta extrae el nitrógeno de sus cuerpos que van descomponiéndose, este tipo de vegetales no tienen ninguna piezas móvil.
Bisagra: La parte externa de la hoja de las plantas pertenecientes al género Dionaea se modifican y se transforma en un cepo; está dividido en dos lóbulos provistos en los márgenes de espinas largas y agudas, en el interior posee células que segregan enzimas digestivas y entre estas dos zonas se encuentran células productoras de néctar. En el centro del limbo foliar hay unos pelos disparadores que activan el cepo; cuando un insecto u otro animal pequeño, atraído por el líquido dulce que exuda la planta, se posa en esta parte de la hoja, toca los pelos disparadores. Como respuesta, el limbo foliar se cierra en torno a la presa y las espinas de los bordes impiden que escape. Una vez digeridos los tejidos blandos por las glándulas de la hoja, ésta se abre y tiende de nuevo su trampa.¿Y cómo se mueven, si no tienen músculos?
En realidad todas las plantas se mueven, pero como son movimientos muy lentos por lo general no los podemos percibir. En cambio, las plantas carnívoras tienen movimientos muy rápidos como resultado de dos tipos de mecanismos:
- Cuando una presa se acerca, la presión del agua de las paredes internas y externas de las células de la trampa cambia, y esa diferencia hace que la trampa se cierre.
- El segundo tipo de movimiento es provocado por el crecimiento de de las células de un lado de la hoja-trampa y el encogimiento de las del lado contrario, lo que hace que la estructura se curve.
Son muchas las películas y novelas de ciencia ficción que describen las plantas carnívoras como vegetales monstruosos capaces de devorar a personas. Lejos de ser experimentos genéticos o seres de leyenda escondidos en selvas ecuatoriales, son especies que poco a poco se están introduciendo en los jardines y los hogares, no sólo por su belleza, sino, sobre todo, por la curiosidad que suscitan en los amantes de las plantas. Además, tienen gran interés científico.
A lo largo de millones de años, las plantas carnívoras fueron transformando sus hojas en ingeniosas trampas y así pudieron adaptarse a diversos medios que les eran adversos. En la actualidad, la contaminación y la desecación de zonas húmedas amenazan con la extinción a muchas especies. Por suerte otras variedades, cultivadas en invernaderos, se han hecho populares. Así otras generaciones podrán seguir admirando a esas criaturas vegetales que, mediante un alarde de ingeniería genética, cambiaron sus hábitos alimentarios para sobrevivir.


Ya viene el verano. Están aumentando las temperaturas en el hemisferio sur, y disminuyendo las precipitaciones en el sur de nuestro país. Dentro de poco comenzarán las vacaciones.

Es indefensa, algo débil y durante los primeros años de su vida necesita la protección de sus mayores. Se llama Homo sapiens. Más conocida como Hombre. Es quizás, la más maravillosa de las especies que habitan nuestro planeta. Y también la más contradictoria. Crece, se alimenta, se viste y cura sus enfermedades gracias a miles de especies vegetales y animales que la naturaleza le brinda y que, con el tiempo, aprendió a aprovechar. Pero actúa muchas veces como si pudiera ignorar la importancia que ello tiene en su vida de todos los días: tala bosques indiscriminadamente, contamina ríos y mares, destruye suelos productivos, arrasa áreas naturales, provoca la extinción de plantas y animales. Ni siquiera la tecnología moderna le dio el poder para aislarse de su medio ambiente o de los otros seres vivos. Sencillamente, porque el mundo es un todo interdependiente del cual el hombre es sólo una parte. El conservacionismo nació con el objeto de garantizar la supervivencia y perpetuidad de toda la especies de flora y fauna silvestres. Plantas y animales que no sólo tienen el incuestionable derecho a vivir, sino que además proporcionan al hombre alimentos, medicinas y materias primas para la elaboración de innumerable cantidad de productos industriales. Es necesario que tomemos conciencia, de esta realidad tan concreta como ineludible. Y que lo hagamos hoy. Porque si seguimos arriesgando la vida de otras especies, estamos arriesgando nuestras propias vidas. 